Castellano

Esparto y pedernal, de mi corazón semilla, ardid de guerrero casto, castizo emperador de mí mismo, luché de mi tierra la salida del moro, me hice dueño y señor de mi destino, ni amo guardo y mi ojo es muy altivo

Batallas

El rey guerrero de la blanca espada y los setenta garrulos de ojos negros, danza de combate, azufre sobre la piel roja, azafrán y pimienta en la punta de la lengua, riesgoso porvenir en todo lo alto, quita que me ponga, baja que suba, salivas, blancos carbones de colores, y que no entiendo nada, cállate, lágrimas de lagrimones, pilla pillas, escondime te encontré, tostón de verano como ardor sin fuego, callada presencia lejana, me balanceo, pronto y quieto

Ensoñación

Se veían piedras de minaretes y murallas de arena y columnas de fuego, mi piel azul del desierto, bereber de milenios, estuco y palma, esparto de mis pasos, rocas encendidas y pozos al canto, mi ojo bailarín, libre, se divertía con su vuelo, su canto, su danza sufí a la caída de la tarde, derviche fuí por mis pecados, por mis santos, mi alegría, mi mano, flota un aire cálido, pasas y dátiles sobre mi vientre, miel y leche en la comisura de mi labio.

Espacios

Sobre una negra calavera azul la garra túrpida poderosa del buitre se posa, la palma de su garra es el universo conocido, y cada uno de sus dedos es un monte donde habita lo desconocido, encima, en derredor, la nada, la blanca nada de su reposo.

Un día

Cuando el cosmos fue un paraguas abierto y del revés las lluvias torrenciales de mis pensamientos discurrían resbalando sobre sus charcos

Libélulas

Brilla azul una luz lejana, y es tu frente posada junto a mí, encendida llama viva que me late y pulsa hacia la aurora de la mañana, mientras tanto aguardo quieto a la ventana, que llegues al fin a mí, que me morí con tantas ganas, que apenas un soplo perdí

Aire

Si resisto es porque lo debo,
Aguardo el despertar postrero,
Resumo mi sangre es tormento
Que aprieto siempre firme y contento,
Relanzo el dado al aire del cielo
Y siembro los sueños con portentos,
Nunca quise morir primero
Viene el viento y suave quieto,
Lunar del momento, noche sin tiempo,
Miro tu espalda, tu costado eterno,
Sustento, mi corona, mi apaciguamiento,
Hay un lugar que guardo dentro

De ti

No la altura sino esta mesura
Donde la proporción es divina
Y hallo justicia en tu mirar
Sin que pierda compostura,
Lejos a cada tiempo
El quedar sin prisas
Esa ternura
Que me abraza
Al pensarte

Esta flor

Quieta la flor nace en la cumbre esperando que venga a ella su caminante alpino. No roza la velocidad, sino que es puro estar, no contempla, es, no desea, embellece, no sufre, crece.