Labrados

He labrado mi corazón con el hierro de la azada, lo corté a pedazos y el viento lo esparció, el campo en una nube lo fertilizó, ahora crece por doquier el retoño de mi vieja alma en flor, puedo reconocer mi voz, el color y mi entonación, luces envuelven sombras y brilla mi resplandor, si acaso las aves, si acaso un ruiseñor, viene volando hasta mi casa, al balcón, no disparéis, criminales, que llegó el amor, mi bendición.

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