Ciego

Ciego espigas de luz y me las como, la paja a puñado me la meto en el ojo que no llora, rastreo cada semilla, conteo de todas las sombras, y dentro de esta campana rompo la hierba con un machete de oro que luego me como con el grito de audacia. Soy el de los sables y las sierpes de la garganta, me arrodillo en las ascuas ardientes y duermo tumbado en la punta de los clavos, quiero más. Soy el que ya no llora, ayuné seis meses hace tiempo, cadavérico no me rendí sino a la muerte, que iba y venía por ahí. Digo que no quiero y mi pulso es un dintel de sombras, estrafalario caleidoscopio de miradas entrecuzadas que se ciegan unas a otras. He soñado cada palmo y todas las quebradas de mis manos. Me queda la sangre, el polvo y el olvido

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