Domingos

Dúctil y turgente como mi dios
De los domingos, de mi luz,
Del sol y del agua que rodea
Las pequeñas cosas del infinito,
Y besucón como los besos de mi boca
Riendo como un lagarto al calor,
Inmemorial su audacia de viveza
Con la que congracio en plenitud,
Y vuelven a mí las bellas muchachas,
Juncos y flores al borde ondulante
De la ribera, mi mirada se pierde entre
Tanta abundancia, tanta generosa
Acumulación de gracias o dádiva
Al corazón que tiembla, sí, fuí aquel
Que las amaba, el que posó sobre
La nube temprana de la tarde
Un juramento de eterno amor,
Y esta inocencia, tan pura blanca
Con la que vestía mis tiempos
Y mi nada.

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