La noche

Volví a amar el fuego sagrado,
Mientras el verbo consumía
Mi riqueza y mis dones,
Yo era un ave de la noche,
Cruzaba el Edén plácido,
Abajo eran las centellas
Y los fuegos,
Arabescos de una mirada,
Arrabales en ruinas claras,
Y mi callada quietud un latido
Bravo, un sentir de cielo,
Y mi fuente dulce,
Y mis celestes sienes
De libélula sobre cristal
Acampanado,
Turgencia de una madrugada
De verano,
Y los tiempos se fundían,
Era ya de nuevo
El niño santo,
Que viajaba por la cumbre,
Como aguja de ojos anacarados,
Y era mi mano, delicia de saber
El pómulo, los alabastros blancos,
Y yo corría por el jardín
Azul de la velada, cual
Una memoria del futuro
Clavada en mi nalga
Pura, ala que elevaba
El paseo de gravilla
Al sueño
Oscuro
Del deseo
Y del llanto

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