Las horras

Porque estas hordas que me acaban nunca fueron de la piedad, quitaron sangre echando cal, entierro de un sol, y el tormento de mi soledad.

La hydra sigue silbando a pesar, fuego nocturno derramado, vacija rota del pensamiento que se deslizó. Tampoco supe esperar. La espada al viento, tu cabellera al viento, la columna de humo que levantó.

Limpio esta calavera, es un trono de marfil, una guirnalda del tiempo, un ala como bisturí. Cadenas que fluyen en mantos licuefactos, como una sortija brillo en la mano de esta noche sin fin.

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