Inviernos

Blanca la nieve como la nieve blanca,

Canoso el viento de mi tiempo

De pensamientos, revoloteo de flores

De almendros blancos cuajados

De besos y tiernas alas, como ojos

Que miran y otean sobre las cúspides

Verdes de escarchas, desnudez pura

De esta nada, esqueletos de belleza,

Que me sorprenden amaneceres

Pasando el puente helado, pisadas

Ausentes, riscos o vagos recuerdos,

Aquí comienzan mis ardores, quietos

De sombras esparcidas a los pies,

Sobre el piso de nostalgia.

Conspicuos

Tahúres zurdos que van a la trena,

De donde salen pájaros adiestrados,

Rómulos pícaros de habla sincera,

Muerte entre las flores, guirnaldas

Que nunca se acuestan, tubérculos

De la noche, engranaje de pistolas,

Canallas y crápulas que venden

Sus almas a la siniestra, colman

Los vacíos de sus tiernas primaveras,

Ocultan sus vientres entre la hiedra

De las sombras de las hechiceras,

Y creen que por el vago mundo

Todos se hacen la trecha,

Mientras columpian su locura

En el ramaje de la puerta trasera.

La trinchera

Y te hallaré bebiendo los vientos

Del Oeste y te hallaré bebiendo

Los aires del Este y estarás en la trinchera

Llorando a la muerte, clamando

Guerra al derrame de sangre, y te veré

Gritando los brazos altivos dolor

Y hecatombe y no te gusta lo que

Te digo ni escuchas mi canción

Mientras aquellos redobles de la muerte

Renuevan este fervor, y aquella locura

Nos vuelve como un carrón.

Tormenta calma

Noche rosapúrpura, de calma

Tormenta azul casi negra,

Mares del cielo con oleaje y vaivenes,

Espumas y alas, labios de flores,

Acompasado tiempo de espera y quietud,

Lontananzas, espesas levedades,

Eternidad fuera del tiempo, efímera,

Sutil, caduca, fugaz, huera, próspera,

Ingenua ventura del vivir.

Vigilia

Del sueño eterno despertaré,

De mi vigilia brota espada de mi boca,

Columna de fuego que arrasa sombra,

De los colores que son notas,

De las notas que son seres,

De los seres que van a la sombra,

Quiero glorificar, eternamente,

Glorificante que de rodillas alaba

La Gloria y el resplandor,

Sanctus Sanctorum.

He visto el Leteo en la selva negra verde,

He visto el Leteo en la selva negra verde,

Del atardecer sus ramajes de espesuras,

Ondas atravesadas por las hondas corrientes moribundas,

Donde brillaba un crepúsculo dorado de eternidad,

De este lado el río era un remanso donde habitaban los seres,

Quisimos atravesar y el agua fue tempestad doliente,

Se despidieron de mí, me miraban con voz de acuáticas marmotas,

Un pesar que no fue ni será era en sombras quietas,

Luego permanecí aquí, se fueron alejando,

La eternidad era agua, fuego de oscuras sombras.

Pájaros

Cuervo que en la espesura de la noche

Blanca de invierno vuela de copa

En copa brillando negro volando bajo;

Mientras el búho aguarda en el tronco

Que las luces se enciendan candilejas

De los sueños blancos y rotos;

O el dulce colibrí del jardín eterno

De mil colores del olvido que se posa

De flor en flor, queriendo frenesí;

A lo lejos, vuela alto y claro abierto

De ala a ala el águila pescador azul,

Viendo puro, rápido, quietud.

Azules

Púrpura azul oscuro por los bordesY al centro blanco, blanco ojo,Blanco leche, blanco mármol,Blanco gris azulón con vetasDe sangre, azufre de tierra, lejaníasDe cielos, de océanos, floridasPraderas del corazón azulesQue me dan y no me quitan,Y el áurea, el resplandor, verde agua,Verde limón, de tus miradas, de tus besos,Llego a la orilla, con dedos rosáceosCojo el mando, talle de un sólo color,Colinas de espesuras, remolinos umbríos,Y esta calma tan temprana,Que calma, apacigua y queda fino

Los implorantes

Los treinta implorantes,

Los trescientos implorantes,

Los que imploran el perdón

De la salvación en penumbra

De catacumbas de flores e inciensos,

Las luces difuminadas del implorante,

Los sueños vivos que despiertan

Las sombras en penumbras

De catacumbas de implorantes,

Gemimos e imploramos,

Clamo a ti que me escuchas,

Mis cadenas que resuenan,

En la noche vibrante y viva,

Clamo y gimo, te imploro

Como los implorantes te llaman,

Oh alma mía

Amor

La mano que te tiendo
La desenterré para amarte,
Si mis ojos son blancos
Es que la tierra negra
No mueve el mar,
Los peces que me habitaron
Sacaron lenguas de fuego,
Las aletas fueron diapasones
De águila volador, serpiente
Emplumada, cruces en el pecho,
Y yo duermo somnoliento
De madrugada, hambriento
De tu boca, diciendo palabras
Que nunca se oyeron, sin fin,
A pulso levanto el cielo,
Es el Edén de mi vigilia,
Lo cruzo con pasos pequeños,
No quiero despertar y arruinar
Tu sueño